miércoles, 14 de enero de 2009
Leven anclas
Cierro mi valija con la esperanza de dejar en altamar los sentimientos que, hasta el día de hoy, me mantuvieron anclada a mi realidad. La que yo misma fui armando a imagen y semejanza de lo que conozco y de lo que me enseñaron. Hoy busco nuevos caminos.
Anoche un viejo amigo sentenció: “Por algo te vas ahora y así. Todo es por algo”.
Esa frase quedó rebotando en mi cabeza durante toda la noche, hasta ahora. A punto de embarcarme en el crucero.
Voy en la parte trasera del auto. Mi hermano mayor me lleva y, como siempre, me da las indicaciones (que él cree) necesarias para que tenga un viaje en orden y en paz.
Llego al puerto de Buenos Aires y veo un mundo de gente. Estoy segura de que si pudiera verlos desde arriba parecerían hormigas que se mueven de un lado al otro. Van en fila cargando sus equipajes.
Espero. Mi valija y yo esperamos a una tal Débora, la persona que me invitó a hacer este viaje con la intención de que después le devuelva el favor haciendo una nota. Débora tarda más de lo debido. Mi celular suena y una voz del otro lado me dice que el check in para prensa se hizo a las 11 de la mañana y que me enviaron un mail para informarme. “Vas a tener que esperar a Débora. Quedate al lado del cartel que dice Grupo Prensa y otros. Que tengas buen viaje”, dice y corta el teléfono.
“Empezamos mal. Ya estoy acá. No me puedo ir. No me voy a ir. Sería una estupidez irme. El check in está lleno de jovatos ¿Qué es esto? ¿Una congregación del PAMI? Bueno, voy a tomarlo como unas vacaciones para pensar. Algo divertido voy a encontrar para hacer arriba de un crucero a Brasil. Hay casino, gimnasio, salón de belleza, spa, teatro, pileta, jacuzzi…me la voy a rebuscar.
Llevo esperando más de 45 minutos para embarcar. Esto es un chis…”
-¿N?
-Sí
-Te pido mil disculpas. No sé que pasó. Tendrían que haberte mandado un mail avisándote que cambió el horario del check in. Igual, despreocúpate. No vas a hacer toda esta fila. Entregale tu DNI a ese señor y subí a al micro que es el que te lleva hasta el barco
-Ok
-Tu camarote es el 1089. Yo estoy en el 1016 ¿Viajas sola?
-Sí
-Bueno cualquier cosa que necesites ya sabes donde encontrarme. Que tengas buen viaje
-Gracias(Eso espero)
El micro empieza el recorrido por el puerto. Hay pilas de containers de todos los colores tirados por distintas partes con insignias que no sé que significan. Las familias esperan ansiosas por subirse al barco. Una señora le saca fotos a su marido y lo obliga a que sonría. Al otro lado, una pareja de recién casados se toman de la mano, se besan y sonríen. Destilan amor.
"Cómo me hubiera gustado que estés acá", pienso.
Mi cabeza es una batidora. No sé muy bien que sentir. Por un lado, estoy feliz. Me estoy yendo diez días por trabajo a un crucero. Más de uno desearía estar en mi lugar. Por el otro, es la primera vez que me voy sola de viaje. Sola. Mis demonios y yo. Espero que nos llevemos bien. Que sepamos convivir en armonía.
El micro bordea la zona de containers y lentamente se estaciona frente a la inmensidad de un barco que no tiene pinta de crucero. Es enorme gris y negro. Sucio. Muy sucio. Giro mi cabeza y ahí está. Un gigante blanco y azul que brilla bajo los rayos del sol del viernes 12 de diciembre de 2008.
En el piso 10 está mi camarote. Ahora pienso qué voy a hacer en la inmensidad de este cuarto. Me pregunto a quien voy a abrazar cuando me quiera dormir en una noche de lluvia.
Suena una sirena. Una voz en italiano nos informa que el barco zarpa rumbo a Punta del Este. Abro las ventanas y salgo al balcón para despedirme de mi ciudad querida.
El barco entra en movimiento.
Yo cierro los ojos y dejo que los buenos aires golpeen mi cara.
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Excelente!!
ResponderEliminarGRazzie bella!
ResponderEliminarSon muchas las anécdotas y los lindos momentos que se viven a bordo de los cruceros desde Buenos Aires.
ResponderEliminarMi familia y yo descubrimos el año pasado que esta era la mejor forma de pasar las vacaciones.